El Colegio Suizo de México (Campus DF) es una institución educativa privada que está cerca de cumplir 50 años. Este Colegio ofrece educación preescolar, primaria, secundaria y preparatoria; las lenguas básicas en que se imparte la enseñanza son alemán y español, y desde 5° de primaria se enseña inglés; a partir de secundaria, el francés es optativo y en CCH los chicos pueden comenzar a aprender mandarín. Como se puede apreciar, es un Colegio que hace un énfasis especial en la enseñanza de las lenguas, en buena medida mostrando la importancia del plurilingüismo que forma parte de la identidad suiza.
Este Colegio ha sido largamente reconocido en la ciudad de México por su alto nivel académico. Si bien es una institución que se ha caracterizado por no hacer “ruido” (no se anuncia en periódicos o revistas; su página de internet es modesta; no hay un gran letrero afuera del CSM que lo señale; no participa con frecuencia en competencias o exhibiciones escolares –salvo las que organiza el Colegio Alemán-), es indudable que a lo largo de los años ha construido un prestigio que cada vez se ha visto más reconocido públicamente. A mi parecer, si hay un objetivo claro en este Colegio éste es el de formar alumnos que respondan a una alta exigencia académica en un ambiente multilingüe.
En lo particular me interesa enfocarme en la preparatoria del Colegio Suizo, que está incorporada a la UNAM y que sigue el programa del Colegio de Ciencias y Humanidades. Desde hace unos 4 años, nuestro CCH está avalado por el Bachillerato Internacional, lo que sin duda ha introducido cambios sustanciales al interior de todo el Colegio.
Además de priorizar una educación multilingüe y de alta exigencia, ha habido un compromiso importante por fomentar la independencia y la responsabilidad en los alumnos, en un entorno en que la libertad siempre esté presente. Obviamente lograr estos objetivos todo el tiempo y en todo lugar es un reto enorme, lo que no siempre se alcanza.
El CSM ha crecido mucho los últimos años. De ser una escuela que tenía muy pocos alumnos por grupo, (la educación personalizada es una de sus banderas), ahora los grupos están casi todos en su límite, o ligeramente sobrepasados. Es cierto que en un entorno como el mexicano, en el que puede ser habitual que las aulas tengan unos 50 alumnos, el que el Colegio Suizo tenga grupos de 24 alumnos parece una maravilla. Sin embargo, hasta hace unos 10-15 años lo verdaderamente común en esta escuela es que los grupos no sobrepasaban los 15 estudiantes. Si había pocos alumnos, por supuesto que también se requerían pocos profesores; y muchos de esos profesores hacían toda su carrera (o su vida) en este recinto. La combinación de pocos alumnos con pocos profesores muy comprometidos (en el “trabajo de su vida”) sin duda llevó a que el CSM ganara el prestigio que construyó.
Un cambio importantísimo en la vida del Colegio fue la apertura de una sección “B” en secundaria, que abrió las puertas a chicos que no tenían conocimientos de alemán a incorporarse. Eso de inmediato modificó sustancialmente toda la vida del CSM: desde el ingreso de chicos con otro entorno sociocultural (si los que ingresaban desde maternal tenían probablemente vínculos con países de habla germana, los que ahora lo hacían eran en su mayoría mexicanos “comunes y corrientes”), hasta la incorporación de nuevo profesorado, con otro tipo de formación, experiencia, edad, etc.
Específicamente en el caso del CCH (aunque seguramente para todas las secciones, pero aquí me enfoco sólo en esta área), el crecimiento del Colegio ha sido sin duda un reto para esa “educación personalizada” que se ofrece. Una escuela “acostumbrada” a que los profesores casi no tuvieran rotación de pronto tiene que incorporar nuevos individuos, sujetos que quizá no piensan asumir un compromiso de décadas en el Colegio, que no comparten la entrega a la educación que parecen haber tenido los “decanos” de la institución o que sencillamente tienen otros modos de trabajar o no comparten o conocen la “educación de tipo europeo”. Por otro lado, hay una coincidencia importante: mientras la escuela crece en número de estudiantes, los profesores que fincaron las estructuras más sólidas del Colegio como uno de altísimo nivel académico comenzaron a jubilarse… y otros que aún no lo hacen están en camino de hacerlo.
Es interesante pensar que justamente en ese período de “transformaciones” importantes (crecimiento del Colegio, salida/cambio de profesores decanos), se dio uno de los cambios más importantes respecto a lo tecnológico en la preparatoria: en el 2003-2004 se llevó a cabo como proyecto piloto el programa “un notebook por alumno”, y al año siguiente se implementó para las generaciones venideras. Podríamos decir que la “revolución” fue que cada alumno tendría su propia laptop, que podría usarla en sus clases y que podría conectarse a internet.
Aunque no tengo conocimiento directo sobre las razones concretas que llevaron a los directivos tomar esta decisión, supongo que había una visión respecto a la necesidad de incorporar la computadora y sus múltiples posibilidades de creación y producción al interior del aula. Sin embargo, esta incorporación no estuvo acompañada de ningún tipo de capacitación para el profesorado, ni de alguna orientación pedagógica (o al menos de ciertos objetivos de enseñanza) para usar la computadora en clase. Los alumnos la usaban (la siguen usando así) como cuaderno de apuntes y como posibilidad de evasión. Muchos profesores la prohibían (y la siguen prohibiendo) pues los alumnos “se distraían” (“se siguen distrayendo”) y sólo en unas cuantas materias la laptop estaba (¿está?) permitida de lleno en el aula.
Las computadoras hicieron evidente -me parece- la brecha generacional. Profesores que en ese momento no habían estado en contacto con medios digitales ni con computadoras prefirieron evitarlas en sus clases. Y otros, entre los que me incluyo, que sí habíamos ya “crecido” con ellas, tampoco tuvimos la pericia de integrarla de una manera realmente productiva. Creo que no me equivoco si afirmo que el único profesor que ha aprovechado mejor el que cada alumno tenga su propio equipo es el que hasta hace muy poco tiempo coordinó todo el departamento de cómputo del Colegio y que enseña informática y cibernética. Un reto que sigue quedando pendiente es el de lograr que la tecnología no sea sólo una herramienta electrónica, sino que realmente incorporemos las ventajas que en lo pedagógico pueden estar presentes en el aula. Para ello falta capacitación adecuada y motivadora que debe ofrecer la institución; pero también, por parte del profesorado, compromiso, apertura al cambio, perder el miedo a las máquinas, perder el miedo a perder el control, estar dispuesto a modificar las formas –a veces cuasi eternas- de enseñar…
En este ciclo
escolar se está implementando el uso de ipads, pero esto está dirigido sólo a
las secciones de primaria y secundaria. No ha habido comunicación a la sección
CCH sobre qué objetivos se buscan lograr con este recurso, y mucho menos hay
claridad sobre cómo vincular el uso de las tablets (no son individuales) con el
de las laptops personales en prepa.